La noche es una estrella lejana en el inmenso cielo, piensas al llegar
a casa. Te percatas del reguero que la nieve al derretirse ha dejado tras tus
pasos. Con desgana observas los útiles de limpieza apoyados contra la pared del recibidor. "Más tarde lo limpiare" te dices, y tras un largo día de duro trabajo te permites al fin tomarte un descanso.
Casi arrastrando los pies llegas hasta el incómodo sofá que tu suegra os regaló por la mudanza, ahora incluso lo miras con buenos ojos. Entonces miras el reloj y es pasada la medianoche, pero el sol sigue ahí, aunque apenas una débil luz, os obliga a cerrar las persianas sumergiéndoos en la oscuridad absoluta y aislándoos al completo del exterior.
Ese escaso resplandor, el que al llegar las horas de sueño os hace repetiros constantemente la misma pregunta, "¿por qué nos mudamos aquí?" El trabajo seguía siendo igual de duro y el sueldo bastante semejante. Os habíais alejado de todo lo conocido y embarcado en aquella aventura sin siquiera pensar en los contras.
Casi arrastrando los pies llegas hasta el incómodo sofá que tu suegra os regaló por la mudanza, ahora incluso lo miras con buenos ojos. Entonces miras el reloj y es pasada la medianoche, pero el sol sigue ahí, aunque apenas una débil luz, os obliga a cerrar las persianas sumergiéndoos en la oscuridad absoluta y aislándoos al completo del exterior.
Ese escaso resplandor, el que al llegar las horas de sueño os hace repetiros constantemente la misma pregunta, "¿por qué nos mudamos aquí?" El trabajo seguía siendo igual de duro y el sueldo bastante semejante. Os habíais alejado de todo lo conocido y embarcado en aquella aventura sin siquiera pensar en los contras.


